Descubriendo El Rastro

El despertador suena y son las ocho y media de la mañana. Abro la ventana y compruebo el tiempo. Con un ligero gesto me digo a mi mismo: “Mientras que no llueva…” Desayuno, suena el segundo despertador, y voy en camino hacia el centro.

Son las nueve y media. El Rastro ya está despierto, no como yo. Me dispongo a recorrer sus calles, aprender su historia, y quizás darme algún capricho. Quién sabe, esto del Rastro es lo que tiene. Vas diciendo que solo vas a dar una vuelta y te encuentras subiéndote a la moto de vuelta con un sinfín de cosas en la mochila

Y puesto que todavía no hay mucha gente, (el apogeo del rastro se sitúa allá por las once y media o doce), me sumerjo plenamente.

Cámara en mano.

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